Solicitud whitelist David Miller

#1439
Topic created · 3 Mensajes · 18 Visitas
  • Nombre y Apellido que vayas a usar ingame (Ej: Sergio Zujeros): David Miller

    Edad y fecha de nacimiento (REAL): 21, 17/03/1999

    Experiencia previa en roleplay: Ya estuve en este mismo servidor por unos 3 meses y he estado en otros por otros 6 meses

    Historia completa de tu personaje (cómo lo interpretarás, procedencia, qué pretende ser, aspiraciones, miedos etc...):

    Supongo que aquí es donde he de presentarme y explicar un poco de mí. Pues bien, me llamo David Miller, aunque los que me conocen me suelen llamar David. Nací en 1987 en la ciudad de Reston, del estado de Virginia en Estados Unidos. Crecí en un hogar acogedor de clase media donde vivía con mi padre Edward Miller, mi madre Marilyn O’Connor y mi hermana menor Jessica Miller, aunque recuerdo que siempre la llamaba cariñosamente Jesse.

    Desde pequeño destaqué por encima de otros niños en la escuela. Incontables fueron las veces que profesores le comentaron a mis padres acerca de mis dotes intelectuales. Pero no, no se referían a que yo fuera más inteligente que otros, sino que para la edad que tenía reflexionaba y pensaba mucho más allá de lo que realmente se podía esperar de mí.

    A medida que fui creciendo, fue bajando mi rendimiento escolar. ¿Qué cuál fue la razón? La falta de interés en lo que se impartía en las aulas. No es que sacara malas notas ni que fuera un mal estudiante, pero no tenía un incentivo por estudiar y prefería pasar mi tiempo libre haciendo otras cosas. Cuantas tardes nos pasábamos Jackie y yo en el parque o jugando a las recreativas. Bendita infancia, que inocentes éramos…

    Algo de lo que no me separaba bajo ninguna circunstancia era del walkman que me regalaron en mi décimo quinto aniversario. Sobre todo, lo usaba cuando tenía que desplazarme de casa a la escuela o viceversa. Me hacía más ameno el trayecto en autobús. Aunque no hay nada que me gustase más que pasarme la tarde leyendo tebeos y libros. Me hacían viajar y vivir experiencias que jamás podría imaginar. Romances imposibles, conflictos entre héroes y villanos, aventuras fantásticas… Quién me hubiera dicho que algunas de las historias que leería las iba a acabar viviendo en mi propia piel. 

    Si hablamos de mis amistades, la cosa se pone complicada. Siempre he sido extrovertido y me ha gustado conocer gente. Para mí, conocer a una persona nueva equivale a toda una fuente de conocimiento en forma de experiencias u opiniones por explorar. Allá donde voy siempre termino teniendo conocidos. Pero solo eso, conocidos. Los amigos para mí son mucho más que una persona con gustos o inquietudes en común. ¿Qué cuál es la definición de amigo para mí? Sinceramente, ni yo mismo lo sé. Aunque tengo muy claro algo que no sería un amigo: interesado. Así que realmente puedo contar a mis verdaderos amigos con una mano. 

    La familia es lo primero, lo segundo y lo tercero. Vivíamos gracias a los sueldos que mis padres traían a casa y la pensión de viudedad de mi abuela. Mi padre, Edward Miller, era electricista. Tenía su propia camioneta para el negocio. Un negocio que dirigían entre mi padre y su hermano, Benjamin Miller. Sin duda, heredé el gusto por los automóviles de mi padre. En sus ratos libres, mi padre se dedicaba a restaurar una vieja joya automovilística de su difunto padre. Mi abuelo, el Teniente Coronel Richard Miller (1932 – 1973), murió en la Guerra de Vietnam.

    Mi madre, Marilyn O’Connor, era modista y se dedicaba a confeccionar a mano trajes y vestidos. Siempre decía que el aspecto era lo que definía la primera impresión que provocábamos en los demás y que en nuestro armario no podía faltar un atuendo para cada ocasión. Recuerdo que los domingos nos arreglábamos todos para ir a misa. Yo lo odiaba por aquellos dichosos zapatos que me apretaban y el peinado totalmente engominado que me hacía mi madre. Menos mal que después íbamos a comer al Golden Pearl, un restaurante que regentaba un buen amigo de mi padre y que preparaba unos nuggets picantes buenísimos.

    La yaya Janet vivía con nosotros desde la muerte del abuelo y era la madre de papá. Hoy en día, soy como soy, principalmente, por los valores que me inculcó mi abuela: honor, lealtad y empatía. No creo que jamás exista alguien tan buena como ella.

    Finalmente, encontramos a Jesse, Jessica Miller. Es mi hermana menor y nos llevamos 2 años de diferencia. Ella y yo éramos completamente opuestos. Siempre andábamos molestándonos el uno al otro, pero, en el fondo, nos queríamos a rabiar. Al fin y al cabo, somos familia. ¿Quién no haría cualquier cosa por los suyos? Todavía recuerdo cuando me peleé contra dos matones del instituto por defender a mi hermanita. Salí escaldado de la pelea y llegué a casa lleno de moratones, pero aun así lo hubiese vuelto a hacer.

    Bueno, realmente lo volví a hacer. A día de hoy, la familia Miller O’Connor se reduce a Jessica y yo. Mamá murió en un incendio en la sastrería de la que era dueña. El origen del fuego siempre fue un misterio y, aunque no teníamos enemigos, todos los indicios apuntan a que fue intencionado. Si alguna vez encuentro al culpable, no soy responsable de mis actos…

    Papá, desde la muerte de mamá, no volvió a ser el mismo y se refugió en la bebida para ahogar sus penas hasta que, una madrugada fría de enero, murió al estrellarse con su furgoneta contra un árbol de regreso a casa desde la taberna Fort Bravo, de la que se había vuelto cliente habitual.

    Nos quedamos cuidando de la yaya hasta que su corazón no pudo latir más. No sabría cómo explicarlo, pero pareciese que ella ya sabía que había llegado su hora. Con lo creyente que era, espero que San Pedro la recibiera en sus brazos como si de una bendición se tratase.

    Así es como a la edad de 23 años, me vi solo en el mundo junto a mi hermana Jesse. Nos apañábamos como podíamos, intentábamos conseguir dinero de donde fuera… hasta que mi hermana tomó la peor decisión de su vida y nos condenó a ambos a la perdición.

    Jessica, tan ingenua como era, hizo un pacto con el diablo, y nunca mejor dicho. Ronald McKenzie, alias “El diablo”, era el líder de una peligrosa banda criminal que dominaba casi en su totalidad el estado de Virginia. Los centenares de crímenes que se le asociaban a su banda estaban relacionados con secuestros, extorsión, tráfico de drogas y asesinatos. Jessica llegó a acumular una deuda de más de 50 mil dólares a mis espaldas. Cuando ésta se vio con el agua al cuello, me lo contó y decidí tomar cartas en el asunto. Y ya os lo he dicho, la familia lo es todo.

    Así fue como hace casi un año terminé atracando una sucursal bancaria junto a quien creía que era el amor de mi vida, Alexa Queen y mi fiel amigo de toda la vida Jack Hopkins. Iba a ser un trabajo limpio, sin heridos, estaba todo planificado al milímetro, habían sido meses de preparación, habíamos estudiado minuciosamente los cambios de guardia. A pesar de todo, el destino es caprichoso e impredecible. Las alarmas saltaron antes de lo previsto y, lo que iba a ser algo sigiloso, se convirtió en una batalla campal. ¿Cuál fue el recuento final? Un botín de cerca de medio millón de dólares, media docena de guardias abatidos y el amor de mi vida derramado en un charco de sangre enfrente de la cámara acorazada.

    La deuda con Ronald McKenzie se saldó, de Jackie no volví a tener noticias y Jessica ahora vive su vida. Yo, sin embargo, sigo pagando las consecuencias de mis actos y todavía vivo huyendo. Sin un lugar al que llamar hogar, con una vida nómada y siempre vigilando mis espaldas, así es como vivo.

    A mis 31 años y todavía nadie me conoce realmente. Ni siquiera yo mismo. Desde que abandoné a mi hermana no he parado de moverme por el mapa: de Ohio a Manchester, de Tokio a Berlín. Por suerte o por desgracia, he escuchado historias de todo tipo durante mi viaje. Y de mejor o peor manera, he sabido sobrevivir en esta jungla llena de depredadores y presas. ¿Quieres un consejo? Lo más importante es saber escoger el bando correcto.

    El dinero solamente trae desgracias y desdicha. Mucha gente tiene miedo a la muerte, pero yo no. Al fin y al cabo, la muerte no es más que el fin de una etapa. A lo que realmente deberíamos tener pavor es a ser olvidados. Es por eso que quiero que me recuerden por haber hecho algo grande.

    Está bien ser ambicioso, pero también lo es ser realista. Es por eso que llevo siempre en mi cartera una lista donde anoto objetivos, retos y metas que necesito haber completado antes de concluir mi historia. Entre ellos se encuentran el más importante para mí: encontrar a mi hermana.

     

    No hay mañana que no me levante pensando en la que fue la reina de mi corazón. Toda la desgracia que arrastro a mi espalda, un tormento del que no me voy a librar jamás. Viajo sin rumbo siguiendo una carretera que lleva a ninguna parte con la mínima esperanza de encontrar lo que más ansío: mi propio perdón.

  • Su solicitud ha sido aceptada para continuar el proceso de whitelist. Te veremos por las entrevistas, mucha suerte y gracias!

  • Felicidades! has superado el proceso de whitelist. Te veremos por la ciudad, mucha suerte y gracias!